Escribir, un proceso que me llevó 30 años…
Cuando era adolescente, tenía una certeza: iba a ser historiadora. Y quizás también psicóloga. Me veía como una escritora de libros, una investigadora reconocida en su disciplina. Esos deseos no eran solo fantasías, eran convicciones profundas, como si la vida misma me estuviera señalando ese camino. Imaginaba mi nombre y mi foto en la contratapa de un libro, de varios libros.
Pero la vida, como siempre, tiene una manera de tomar nuestras certezas y reconfigurarlas, de escuchar nuestros deseos y cumplirlos de una forma distinta, pero perfecta. Las circunstancias, los giros inesperados, las decisiones tomadas… todo me fue apartando de ese deseo de vivir en torno a la escritura y lo convirtió en un sueño lejano. En lugar de páginas en blanco para llenar de ideas, me encontré con la vida cotidiana, con los desafíos de crecer, con las responsabilidades que nos distraen de las pasiones más profundas.
Y aquí estoy hoy, ante esta puerta que alguna vez pensé que jamás abriría. Este blog es mi lugar de llegada, el espacio donde esa adolescente que soñaba con escribir se encuentra con la mujer que soy ahora. No soy historiadora reconocida ni psicóloga, pero tengo un montón de historias, de aprendizajes, y una nueva forma de mirar el mundo que, al fin y al cabo, son libros. Este blog no solo es el sueño que alguna vez imaginé, es la versión transformada de ese sueño, uno que se fue cocinando lento, con sus vueltas y caídas, pero que, al final, se convierte en algo real. Y lo más lindo de todo es que ahora, por fin, soy capaz de escribirlo.
Hace un tiempo sentí la necesidad de hablarle a esa adolescente que alguna vez fui, la que tenía tan claro en qué quería convertirse. Quise contarle lo que pasó en el camino, las vueltas inesperadas, las dudas, los desvíos… pero también la manera en que, a pesar de todo, llegamos. Quiero compartirles esa carta porque, quizás, en sus palabras puedan encontrar un reflejo de su propio camino.
Carta a mi yo adolescente:
¡Llegaste! No como pensabas, no cuando querías, no como lo imaginabas… pero aquí estás, frente a la puerta que nos lleva a hacer el sueño realidad.
Dudas, miedos, pensamientos negativos… sí, muchos. Pero también una nueva mirada sobre todo eso, una mirada que ahora se permite verlos como parte del aprendizaje, como parte de l proceso que vivimos.
Pasamos por mucho para estar aquí. Y, aunque mi voz interna no para de decirme que no tengo nada para mostrarte, y que aunque el logro fuera real, lo querías hace 20 años, ya no me dejo atrapar por esa idea. Ahora, después de abrirme a la transformación y romper con esos patrones de autoexigencia, me pregunto: ¿es realmente tu voz la que me habla?
Es tentador pensar que sí, porque la siento como una verdad absoluta, pero ahora me atrevo a cuestionarla. A decir que probablemente esa voz que escucho, esa que me exige, probablemente no es la tuya. Es la de mi madre, la de su madre, y la de todas esas mujeres que han volcado su esperanza de mejora en las siguientes generaciones.
Y cuando por fin entendí esto… ¡Llegamos!
Muy pocas veces nos permitimos imaginar que este deseo, el de dedicarnos a la escritura, podía volverse realidad. Hoy lo estamos haciendo, con la certeza de que ya es real, de que finalmente estamos aquí.
A lo largo de todos estos años nos hemos cansado de repetirnos excusas y justificaciones que inventamos para controlar el miedo al fracaso, para manejar la incertidumbre. Y esas creencias nos limitaron de tantas maneras, en tantos sentidos… aunque en muchos momentos intentamos aflojar la cadena, nunca logramos abrir el candado.
Pero ahora, en este último tiempo, rompimos esa cadena y salimos, aunque no corremos a ciegas como un animal que estuvo encerrado tanto tiempo que no sabe adónde ir. No. En todo este tiempo, una parte de nosotras nunca dejó de creer, y estuvo preparándose para este momento. Porque esta libertad no se dio de forma abrupta, llevamos más de ocho años en el proceso, por eso digo: ¡Llegamos! Estamos en la última etapa, a un paso de entrar. No vamos a dudar ahora, paradas frente a esta puerta, ya estamos entrando.

Hoy, esa puerta de la que hablo en la carta ya está abierta, es este blog. Un espacio donde, después de tantos años, finalmente escribo. No como historiadora reconocida ni como psicóloga que publica libros, sino como alguien que, después de mucho andar, entendió que escribir no era el destino, sino el camino mismo. Y aquí estoy, caminándolo.
Gracias por acompañarme en este comienzo.
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